Autonomía feminista a contrapelo en Venezuela

Mujeres participan en una marcha autónoma en Caracas el 8 de marzo, 2025. Foto © Cacica Honta.

Opinión • Colectiva Mujeres, Cuerpos y Territorios, Venezuela (Mucyt) • 3 de abril, 2025 • Read in English

El 8 de marzo Marisela cumplió con las consignas. Se vistió de rosa y viajó desde el estado Miranda hacia el centro de Caracas para asistir a la marcha oficial por el Día Internacional de la Mujer. Ella forma parte del partido del gobierno y debe coordinar uno de los dos autobuses que llevarán a 30 mujeres a participar en el evento.

Este año el gobierno nacional les pidió ir de rosado para poder unirse a la marcha del 8M. Desde la tarima Marisela mira pasar a otras mujeres de morado y verde; somos pocas. “Qué bueno que el ministerio tiene su propio color distintivo”, dijo Marisela en entrevista. 

Las marchas oficialistas, en su mayoría convocadas desde el Partido Socialista Unido de Venezuela, son marchas para celebrar y armar un discurso hegemónico, adornando los derechos de las mujeres. Este año la consigna de la marcha oficialista fue “Venezuela es mujer soberana”. En la realidad hay movimientos fuera de los partidos políticos, autónomos, que nos movemos en red por infinidades de derechos pendientes o violados. 

El ministerio de la Mujer ha existido ya en 16 de los 27 años del período del chavismo en Venezuela, pero el despliegue de símbolos y palabras no cambia la realidad para mujeres y disidencias en el país. El aborto es penalizado por la ley y no existen políticas dirigidas a la educación sexual de mujeres, niñas y adolescentes. 

La sustitución de la agenda de lucha feminista por una agenda oficialista conservadora y sin integración con la comunidad LGTBIQ+ se nota mucho el 8 de marzo, pero es parte de vivir en Venezuela. Desde el oficialismo se plantea una visión binarista sobre el género, además de conservadora-religiosa, que coloca a la familia nuclear en el centro de los discursos oficiales, dejando los demás discursos de un lado. 

A pesar de eso, este 8M se unieron en movilización autoconvocada mujeres muy diversas, incluyendo sindicalistas, trabajadoras del sector salud, educación, feministas y las madres de los presos y presas. Cada una con demandas en sus pancartas y sus corazones que con dificultad sostienen la cotidianidad por la crisis económica, política y ecológica que atraviesa Venezuela y que tiene un largo tiempo en desarrollo.

El contexto actual en Venezuela requiere que los nombres y la precisión de algunos hechos en este texto sean anonimizados para proteger la identidad de quienes nos han contado estas historias. Las narraciones que compartimos están basadas en experiencias e historias recogidas en entrevistas y conversaciones durante la marcha y actividades autoconvocadas en Caracas el 8 de marzo de 2025. 

Una multitud de mujeres participa en una marcha autónoma en Caracas el 8 de marzo, 2025. Foto © Cacica Honta.

Contra todas las violencias

Atravesando por Plaza Venezuela y pasando entre la gente convocada desde la institucionalidad para celebrar el Día de la Mujer, hay muchos otros rostros: de comerciantes, tiendas abiertas, mujeres y disidencias que manifestaban y conmemoraban el Día de las Mujeres Trabajadoras. 

Ellas fueron acompañadas por voces y mujeres solidarias desde otras trincheras, quienes pasaron desde Plaza Venezuela por el boulevar de Sabana Grande. Entre otras cosas, están exigiendo derechos estancados: derechos salariales y trabajos dignos, servicios básicos como el agua, la educación, la salud, los derechos de quienes se encuentran privadxs de libertad.

Dani es de Maracaibo, un enclave petrolero, pero tiene ya unos cinco años en Caracas. Su trabajo como diseñadora freelancer y la violencia de género que sufrió a manos de su compañero la trajo hace unas cuantas lunas a trabajar con su hijo y “echar pa´lante”, como toda madre soltera. 

Hace cuatro años Dani interpuso una demanda por violencia —física y psicológica— pero reposa como algo inamovible en los tribunales de Caracas. La Ley Orgánica de los Derechos de la Mujer a una Vida Libre de Violencia, adoptada en 2007, tipifica 25 tipos de violencias. Pero cuando Dani llegó a explicarle a su familia —luego a los jueces de paz, luego a los policías, luego a los fiscales— lo que les había sucedido a ella y su hijo sólo recibió más maltrato y violencia. 

Su caso es otro más de revictimización persistente, de esos que nadie quiere vivir jamás. “No más secretos familiares, no más impunidad”. Eso es lo que, nos contó Dani, le motivó a unirse a la marcha. Sus gritos acompañados, los abrazos recibidos y las sonrisas en la marcha la hacen sentir cuidada. En el fondo se escucha “La policía no me cuida, me cuidan mis amigas…”.

Anaí es enfermera jubilada. Pasó 35 años cuidando a otras y otros en el sistema de salud público, hoy su jubilación es de 3,55 dólares al mes. Sus cinco hijas e hijos decidieron migrar hace ya nueve años. Comenzaron a irse por la crisis en el 2017, se fueron yendo poco a poquito, como en gotas, unos caminando, otros en avión con mejor suerte por ser profesionales de la salud como ella. 

De vez en cuando le envían remesas que le alcanzan para cubrir la alimentación de ella y dos nietas que quedaron a su cuidado. La Canasta Básica Familiar en Venezuela es de —ya va lectoras, déjenos activar una VPN para poder acceder a la página web bloqueada, donde sale un informe de una organización independiente que hizo un informe, ajá—, es de $721 dólares mensuales. Ni el uno por ciento cubre su pensión (para las que seguimos trabajando, no nos va mucho mejor). Por eso Anaí decidió dejar a las nietas con la vecina, compañera de la iglesia, para ir a la marcha y llevar su cartel por un salario y jubilaciones dignas.

Familiares de presxs políticxs participan en la marcha del 8 de marzo, 2025, en Caracas. Foto © Cacica Honta.

Asedio legal, conservadurismo de género

En noviembre del 2024 se publicó en la gaceta oficial de la República Bolivariana de Venezuela una nueva ley que limita las actividades en materia de Derechos Humanos a organizaciones independientes o no alineadas con el discurso oficial. Se llama la Ley de Fiscalización, Regularización, Actuación y Financiamiento de las Organizaciones no Gubernamentales y Organizaciones Sociales sin Fines de Lucro. 

Una de esas ONG actualmente está acompañando a Yenny en su transición mientras a duras penas se mantiene económicamente con múltiples trabajos. Sin embargo, esta ONG es una de aquellas en peligro de cierre inminente, a Yenny la pone triste. Luego de sus consultas con una psicóloga que trabaja en la organización, Yenny se sumó a la marcha del 8M en Caracas. Entiende que hay que estar para existir y sus compañerxs le apoyan, y lo hace a pesar de muchos obstáculos como perder el día de trabajo.

Después de los meses tras las elecciones a finales de julio del año pasado, las marchas en Caracas han cambiado. La vigilancia es más evidente y cercena los espacios de lucha popular. En el mes de las protestas de julio del año pasado, el hijo de Lucrecia terminó junto a los más de 2.000 detenidos. Su hijo, quien tiene autismo, fue engañado por un señor vestido de civil que le ofreció unos zapatos para que lo acompañara y más nunca volvió.

En el mes de julio, Lucrecia tenía planeado regresar a la tierrita que su abuelo les había dejado para continuar la tradición campesina de la familia, pero que con la vuelta del latifundio en manos militares había sido tomada. Su mamá salió amenazada de su tierra y Lucrecia tuvo que venir a la ciudad a pagar alquiler cerca de las inmediaciones de la cárcel donde su hijo está preso. Hoy, su mamá está sin cuidados y Lucrecia tiene que pagar para poder llevarle comida a su hijo. 

Se unió a un comité de madres que como ella cuidan por sus hijos e hijas privadxs de su libertad y el 8M marchó con nosotras en el mes Rebelde y de Lucha convocado por la red de personas que deciden alzar su voz por los derechos estancados o violados.

Las mujeres campesinas, indígenas y afrodescendientes que viven fuera del centralismo de Caracas fueron reconocidas en el 8M Rebelde y de Lucha. Alzamos la voz por la justicia, pues todos estos años han vivido en la precariedad por la escasez del agua, la falta de gas, por la minería en sus territorios, por el cambio climático, por los derrames petroleros.

Nombramos hoy a las que no están: las que migran o que han muerto en manos de un feminicida o un transfemicida. Datos de diferentes organizaciones indican que hay  más de 7,8 millones de venezolanos fuera del país. De ellos, más de la mitad están en Colombia. Según el observatorio colombiano de mujeres, los casos de violencia contra las mujeres migrantes se incrementaron en 308 por ciento entre el 2017 y 2020. 

A pesar del miedo y las cotidianidades adversas, las mujeres venezolanas y las disidencias volvieron a las calles el 8 de marzo. Madres, enfermeras, docentes, jubiladas, afro-indígenas, artistas, mujeres sexodiversas, trabajadorxs, todas caminaron juntas por las calles de Caracas, cuidándose… 

Cuidándonos. 

Mujeres, Cuerpos y Territorios (Mucyt)

Mujeres, Cuerpos y Territorios, Mucyt, es una colectiva ecofeminista en Venezuela que busca desde una perspectiva ecoterritorial lograr transformaciones ecosociales en Venezuela.

Women, bodies and territories collective (Mucyt) is an eco-feminist collective in Venezuela that seeks to achieve eco-social transformations from an eco-territorial perspective.

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